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El consumo del hielo y la nieve ha perdurado a lo largo de
miles de años. Ya lo utilizó la civilización
mesopotámica y lo siguieron haciendo los griegos y
romanos.
Pero fue a partir del siglo XV cuando el comercio del hielo
experimentó un nuevo renacimiento en Europa. Entre
sus diversas aplicaciones destacó el enfriamiento de
bebidas, la curación de enfermedades o la conservación
de alimentos.
En el Parque Cultural del Río Vero se conservan siete
de ellos, la mayor parte situados en las zonas más
elevadas de las sierras prepirenaicas. Estos pozos se denominan
de "abastecimiento", ya que en ellos se almacenaba
la nieve que luego se consumía en los pueblos del llano.
Otra tipología son los llamados neveras de "producción",
construidos en zonas urbanas; en ellos se almacenaba el hielo
trasportado desde los pozos de la sierra y el hielo producido
en sus proximidades.
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