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Estas construcciones son fruto del temor de las gentes hacia
las tormentas y los fenómenos meteorológicos
adversos. Normalmente son de planta cuadrangular cubiertos
con tejado a cuatro aguas y a veces por falsas bóvedas
de aproximación de hiladas. Es condición indispensable
que tengan cuatro vanos orientados a los cuatro puntos cardinales,
y a los que se asomarían exhortando al viento mientras
se gritaba el esconjuro contra la tormenta amenazante. En
la actualidad, fuera de uso, siguen siendo los mejores sitios
para contemplar el paisaje.
En el Parque Cultural del Río Vero existen tres buenos
ejemplos de ello: en Almazorre, situado junto a la iglesia
parroquial; en el Castillo-Colegiata de Alquézar, situado
en la parte superior de uno de los torreones de la muralla;
en la parroquial de Adahuesca, sobre la nueva sacristía.
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