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La primera catedral, fue consagrada en el año 1101
por el primer obispo de Barbastro, San Poncio, tras la conquista
de la ciudad por el rey de Aragón Pedro I. Se levantó
sobre el solar que anteriormente había ocupado la mezquita
mayor musulmana. Algunos vestigios de esta mezquita, restos
constructivos altomedievales y del claustro gótico
incluyendo un arco apuntado, anteriores a la actual catedral
se han exhumado en las excavaciones arqueológicas realizadas
en el entorno.
La catedral actual está dedicada a Santa María
de la Asunción. Se construyó entre los años
1517 y 1533, y su tipología responde a lo que se conoce
como hallenkirche o planta de salón. Es decir, una
iglesia con tres naves de igual altura cubiertas por bóvedas
de crucería estrellada que apoyan sobre esbeltas columnas
nervadas. Es un tipo de iglesia que conserva los elementos
más característicos del gótico y una
concepción renacentista del espacio, lo que le confiere
una singularidad especial. En esta obra intervinieron arquitectos
de la talla de Juan de Segura o Juan de Sariñena y
con su construcción se pretendía dar respuesta
a un deseo que tenía la ciudad de intentar recuperar
la categoría de Sede Episcopal. Junto a la puerta oriental
se halla la torre campanario, exenta debido a que posiblemente
se erigió sobre los cimientos del antiguo alminar.
La catedral alberga numerosos y magníficos ejemplos
de arte mueble como el retablo de San Victorián procedente
del monasterio de San Victorián, en La Fueva. La tabla
central es del último periodo gótico, atribuida
a Martín Bernat, y el resto de escenas, dedicadas a
la vida y milagros del santo italiano que vivió en
el Pirineo oscense pertenecen a un periodo posterior de transición
al renacimiento. Una de las mejoras obras es el retablo mayor
dedicado a la Asunción de la Virgen, realizado en alabastro
y madera policromados, entre la mitad del siglo XVI y los
primeros años del siglo XVII. Es fruto de varias manos
y artistas. Parte del basamento es obra de Damián Forment,
el más destacado escultor aragonés del momento.
Su discípulo Juan de Liceire completó el conjunto
con escenas dedicadas a la Pasión y Muerte de Cristo:
La Oración en el huerto, Prendimiento, Ecce Homo, Cristo
camino del Calvario y la Piedad. A partir de 1600 las obras
fueron continuadas por artistas zaragozanos, y el retablo
se completó con unas puertas de lienzo que lo preservaban.
A ambos lados del altar mayor se levantan el retablo dedicado
a San Ramón obispo de Barbastro, realizado en el s.XVII
y el retablo de San Pedro Apóstol realizado en el s.XVIII
por el escultor barbastrense Antonio Malo.
En su interior destaca también la sillería coral,
distribuida actualmente entre el presbiterio y la capilla
de la Dormición, obra renacentista de los escultores
Jorge Comón y Juan Jubero.
Las capillas laterales ostentas así mismo en sus portadas
elementos decorativos barrocos como la capilla del Santo Cristo,
en cuyo interior se conserva la talla del Cristo bajo baldaquino,
o la de San Carlos Borromeo.
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