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La familia Lecina sufragó en 1615 la realización
de la Capilla del Santo Cristo, presidida por una talla
de madera de Cristo Crucificado; fue tallada en el siglo
XIII y se inscribe en un periodo artístico de
transición. De este modo, conserva rasgos propios
del románico como es la disposición de
los pies separados y con dos clavos, pero introduce
ya elementos característicos de la iconografía
gótica. Su figura estilizada y la serenidad del
rostro lo alejan del románico.
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