PERIODO ROMÁNICO
Del periodo románico se conservan escasas construcciones
religiosas, quizá debido a la que en esta época
convulsa fue preciso aplicar los recursos económicos
del naciente Reino aragonés a la lucha por la expansión
hacia la tierra baja, y también a que los musulmanes
vencidos , en la zona llana, ponían a disposición
de los cristianos mezquitas que serían consagradas como
iglesias, lo cual hizo innecesario construir nuevas infraestructuras.
Así mismo algunos de los templos románicos que
se construyeron en aquella época, a los ojos de los hombres
de siglos posteriores fueron vistos como edificios pequeños,
viejos, lóbregos y oscuros, por lo que en cuanto hubo
recursos suficientes, fueron derruidos y sustituidos por otros
góticos o barrocos.
En los siglos del románico se erigieron la ermita de
Nuestra Señora del Treviño, el atrio de la colegiata
de Alquézar, o la iglesia de Santa Fe, de Barbastro (de
la que sólo se conserva la portada en la actualidad en
la capilla del cementerio). También se conservan en la
fábrica actual elementos o restos decorativos románicos
en las iglesias parroquiales de de Almazorre, Bárcabo,
Betorz, Lecina o Huerta de Vero.
PERIODO GÓTICO
El periodo gótico tuvo una pervivencia muy larga, y de
esta época son algunos de los ejemplos más interesantes
de arquitectura religiosa en el Parque Cultural. En las iglesias
se impuso la planta de salón de una o varias naves de
igual altura, cubiertas por complejas bóvedas estrelladas
que apean sobre columnas, y ábside poligonal. Este sistema
mejoró la funcionalidad de la iglesia, su acústica
y la visualización de la liturgia. También facilitó
la apertura de capillas laterales.
La parroquial de San Francisco en Barbastro, las de Burceat,
Cregenzán, Azara (BIC), Radiquero y Colungo responden
a este modelo. De esta época destaca la Colegiata de
Alquézar. En Barbastro la Catedral de Santa María,
espléndida construcción de planta de salón,
constituye una de las más equilibradas y majestuosas
creaciones de esta fructífera centuria.
PERIODOS RENACENTISTA Y BARROCO
Durante el siglo XVII la guerra, el hambre y la peste fueron
de la mano, lo que provocó un temor entre la población
diezmada y trajo consigo un fervor religioso que se trasladó
a las iglesias. Se añadieron muchas capillas a los edificios
anteriores y fueron abundantes los retablos, capillas e iglesias
que se dedicaron a santos protectores de la peste y las enfermedades:
San Fabián, San Roque o San Sebastián fueron algunos
de los santos más populares de este periodo. En este
momento se erigió el Santuario de Nuestra Señora
de Dulcis, un conjunto singular en el que lo más destacado
es la decoración de yeserías de tradición
mudéjar que decora todo el interior del templo.
En el siglo XVIII, la construcción de iglesias se redujo
y sólo algunas como la dedicada a la Asunción
en Pozán de Vero, San Salvador en Castillazuelo, San
Pedro Adahuesca y la iglesia de los Escolapios en Barbastro,
fueron construidas de nueva planta. En general, las iglesias
de este periodo se caracterizan por una sobriedad exterior,
que no se traduce en el interior, donde la decoración
adquiere un despliegue de formas. El repertorio ornamental se
amplió, y junto con los muebles, las lámparas,
los retablos, telas, lienzos e incluso la iluminación,
las celebraciones litúrgicas se convirtieron en toda
una puesta en escena con un carácter marcadamente teatral.
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