Patrimonio Cultural
  Iglesias, ermitas y esconjuraderos
 
  Introducción
  STA. Mª DE LA NUEZ
  Santuario de Sta. Mª de la Nuez
  ERÍPOL
  I. de Santa Eulalia
  ALMAZORRE
  I. de San Esteban
  BÁRCABO
  I. de San Miguel
  BETORZ
  I. de las Santas Nunilo y Alodia
  LECINA
  I. de San Juan Bautista
  Ermita de San Martín de la Choca
  ASQUE
  I. de Santa Coloma
  COLUNGO
  I. de la Virgen del Pilar
  ALQUÉZAR
  Colegiata de Alquézar
  I. de San Miguel
  Ermita de Ntra. Sra. de las Nieves
  SAN PELEGRÍN
  I. de la Natividad
  RADIQUERO
  I. de Ntra. Sra. de Bastarillas
  Ermita de San Fabián y San Sebastián
  ADAHUESCA
  Ermita de Treviño
  I. de San Pedro
  Cruz del Hospital
  BUERA
  I. de San Miguel
  Santuario de Santa María de Dulcis
  Ermita de San Juan
  HUERTA DE VERO
  I. de La Asunción
  POZÁN DE VERO
  I. de La Asunción
  CASTILLAZUELO
  I. de San Salvador
  BARBASTRO
  Catedral
  I. de San Francico de Asís
  Santuario de Ntra. Sra. del Pueyo
Esconjuraderos
  Casetas pastoriles y arnales
  Puentes, acueductos, fuentes y azudes
  Molinos, herrerías y pozos de nieve
  Las Casas del Somontano
 
Iglesias, ermitas y esconjuraderos
Introducción
PERIODO ROMÁNICO
Del periodo románico se conservan escasas construcciones religiosas, quizá debido a la que en esta época convulsa fue preciso aplicar los recursos económicos del naciente Reino aragonés a la lucha por la expansión hacia la tierra baja, y también a que los musulmanes vencidos , en la zona llana, ponían a disposición de los cristianos mezquitas que serían consagradas como iglesias, lo cual hizo innecesario construir nuevas infraestructuras.

Así mismo algunos de los templos románicos que se construyeron en aquella época, a los ojos de los hombres de siglos posteriores fueron vistos como edificios pequeños, viejos, lóbregos y oscuros, por lo que en cuanto hubo recursos suficientes, fueron derruidos y sustituidos por otros góticos o barrocos.

En los siglos del románico se erigieron la ermita de Nuestra Señora del Treviño, el atrio de la colegiata de Alquézar, o la iglesia de Santa Fe, de Barbastro (de la que sólo se conserva la portada en la actualidad en la capilla del cementerio). También se conservan en la fábrica actual elementos o restos decorativos románicos en las iglesias parroquiales de de Almazorre, Bárcabo, Betorz, Lecina o Huerta de Vero.

PERIODO GÓTICO
El periodo gótico tuvo una pervivencia muy larga, y de esta época son algunos de los ejemplos más interesantes de arquitectura religiosa en el Parque Cultural. En las iglesias se impuso la planta de salón de una o varias naves de igual altura, cubiertas por complejas bóvedas estrelladas que apean sobre columnas, y ábside poligonal. Este sistema mejoró la funcionalidad de la iglesia, su acústica y la visualización de la liturgia. También facilitó la apertura de capillas laterales.
La parroquial de San Francisco en Barbastro, las de Burceat, Cregenzán, Azara (BIC), Radiquero y Colungo responden a este modelo. De esta época destaca la Colegiata de Alquézar. En Barbastro la Catedral de Santa María, espléndida construcción de planta de salón, constituye una de las más equilibradas y majestuosas creaciones de esta fructífera centuria.

PERIODOS RENACENTISTA Y BARROCO
Durante el siglo XVII la guerra, el hambre y la peste fueron de la mano, lo que provocó un temor entre la población diezmada y trajo consigo un fervor religioso que se trasladó a las iglesias. Se añadieron muchas capillas a los edificios anteriores y fueron abundantes los retablos, capillas e iglesias que se dedicaron a santos protectores de la peste y las enfermedades: San Fabián, San Roque o San Sebastián fueron algunos de los santos más populares de este periodo. En este momento se erigió el Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, un conjunto singular en el que lo más destacado es la decoración de yeserías de tradición mudéjar que decora todo el interior del templo.

En el siglo XVIII, la construcción de iglesias se redujo y sólo algunas como la dedicada a la Asunción en Pozán de Vero, San Salvador en Castillazuelo, San Pedro Adahuesca y la iglesia de los Escolapios en Barbastro, fueron construidas de nueva planta. En general, las iglesias de este periodo se caracterizan por una sobriedad exterior, que no se traduce en el interior, donde la decoración adquiere un despliegue de formas. El repertorio ornamental se amplió, y junto con los muebles, las lámparas, los retablos, telas, lienzos e incluso la iluminación, las celebraciones litúrgicas se convirtieron en toda una puesta en escena con un carácter marcadamente teatral.


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