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La relación entre los hombres y las abejas es muy
antigua, de hecho hay ejemplos de representaciones de arte
rupestre que indican que esta actividad ya se desarrollaba
durante el Neolítico en esta zona del Somontano.
Con el nombre de arnales se conoce en el Alto Aragón
a las construcciones dedicadas al cuidado de las abejas y
a la obtención de la cera y la miel. En ellos se depositaban
las arnas o colmenas, cuya forma es ligeramente troncocónica,
de algo menos de un metro de longitud, y realizadas mediante
un entramado vegetal aislado con excrementos de vaca y barro.
Los arnales podían ser rupestres, si se instalan aprovechando
los abrigos abiertos en los barrancos o en pequeñas
oquedades, o de obra. Éstos constan de un pequeño
cubierto abierto al exterior, en el que se colocan trocos
de madera a diferentes alturas para colocar las arnas.
ARNAL DE TORNAZARA (Radiquero, Alquézar)
Arnal
muy pequeño, de obra, con arnas horizontales de entramado
vegetal, y con un sólo cuerpo con dos gradas superpuestas
y tejado a un agua con teja árabe.
ARNAL DE BARFALUY (Lecina, Bárcabo)
Arnal
rupestre, protegido por una cavidad natural, con arnas horizontales
de entramado vegetal. En él se conserva un conjunto
de pinturas rupestres de estilo esquemático.
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