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A más de 900 metros de altitud, es uno de los pueblos
más altos y más aislados de la zona norte del
Parque Cultural. Está dispuesto en la falda de una
ladera y se articula en torno a dos barrios: uno alrededor
de la iglesia y otro más abajo, el de Samper. Como
sucediera en la mayoría de los pueblos de la zona,
esta localidad está prácticamente deshabitada,
a consecuencia de la emigración entre los años
50 y 60. Como resultado de esto, la fisonomía de la
población apenas ha variado desde entonces. Se pueden
encontrar elementos singulares, como las calles empedradas
o los espantabrujas en los edificios. No obstante, muchos
tejados han sustituido su original losa de piedra arenisca
por una teja árabe más moderna.
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